Ni la salud es cuestión de mala suerte, ni somos culpables de estar cada vez más enfermos.

En la entrada de hoy voy a cambiar un poco el concepto de mis entradas habituales. Esta vez no se trata de una receta, se trata de un artículo de opinión y divulgación sobre un tema que me parece cada vez más importante tratar, la industria alimentaria y la salud. La cantidad de información disponible sobre el tema; y por desgracia también la que no tenemos a nuestro alcance; es abrumadora y parece imposible llegar al fondo, poder centrarse en un solo tema, o explicarlo en una corta entrada de blog sin sentir que te dejas mucho por el camino. Pero con esta entrada únicamente pretendo mostrar la cima del iceberg y presentar este tema, que seguiré tratándolo más adelante.

Tras absorber toda la información que he ido recolectando con la lectura de “mi dieta cojea” o “más vegetales y menos animales”, documentales como “sugar rush”, “cowspiracy” o “fed up”, o leyendo a profesionales dedicados a la divulgación de la salud como Aitor Sánchez y Lucía Martínez del centro Aleris, Daniel Giménez, sinazucar.org,  nutritionfacts.org..Cuanta más información proceso, más veo como objetivo trabajar por lo que en mi opinión es una hoja de ruta imprescindible para el planeta: mejorar la salud de la población trae consigo no solo una mejora de la calidad y duración de vida, si no que también se combate la inseguridad alimentaria (pudiendo alimentar a una población creciente y cada vez más hambrienta), el cambio climático y la crisis del agua. Todo está conectado, y aunque es necesario tomar medidas para cada uno de estos problemas, también es necesario; a la vez que más eficiente; ser conscientes de que una acción llevada a cabo en el ámbito de la salud y alimentación tiene un importante impacto positivo en el resto de ámbitos.

Por eso en esta primera entrada empezaré tratando el problema de salud pública y el impacto que tiene en ella la poderosa industria alimentaria actual. Más adelante, y con más información seguiré tratando con las tácticas de mejora de la salud pública, y como puede ser solución a problemas de escala mundial como son la inseguridad alimentaria, cambio climático y crisis del agua.

En enero 2016, la revista Nature constató que los factores intrínsecos contribuyen a menos del 10-30% del riesgo a desarrollar cáncer a lo largo de la vida, en un contexto en el cual 87% de los fallecimientos en Europa los ocasionan las E.N.T (Enfermedades No Transmisibles), entre las más mortíferas son la diabetes, el cáncer (En EE.UU el gasto en fármacos para tratar el cáncer asciende a 3000 millones de dólares cada año, pero donde cerca de 45.000 personas mueren cada año en Estados Unidos debido a la falta de un seguro médico que cubra los gastos de una atención médica), las enfermedades crónicas pulmonares, y cardiovasculares. Siendo más gráficos, en 2015, solo en Reino Unido, se llevaron a cabo 7000 amputaciones a consecuencia de diabetes tipo 2, y por si no parecen muchas, en Méjico la cifra asciende a 75 000 amputaciones en 2014. Las E.N.T, y en especial la diabetes tipo 2 y la obesidad, son enfermedades provocadas principalmente por el estilo de vida de la persona, y habiendo llegado a un 20%  de niños menores de 5 años con obesidad en los países en desarrollo, y siendo la causa principal de muerte en países como Méjico, donde desde hace 35 años el número de personas con obesidad ha doblado, parece conveniente tomar algunas medidas al respecto.

Como ya he mencionado, estas Enfermedades No Transmisibles tienen como causa principal el estilo de vida, la alimentación y el entorno del enfermo, factores muy conectados entre sí. Dejando de lado por un momento el estilo de vida caracterizado por el sedentarismo y el entorno, y centrándonos en la alimentación, uno de los grandes culpables de una alimentación no saludable es el excesivo consumo de azúcar

Relacionado con el tema del azúcar, unas muy buenas fuentes de información son el documental “Fed Up”, de Stephanie Soechtig, ganador en el festival de Sundance, el documental “Sugar Rush” del cocinero Jamie Oliver, o el artículo de Mi Dieta Cojea Mentiras científicas del azúcar. El negocio millonario de ocultar sus efectos a la población.

Anteriormente la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendaba que el azúcar en la dieta no excediera el 10% de las calorías diarias, pero ahora, en la nuevas directriz publicada por la OMS, se recomienda que el consumo de azúcares libres (que deben distinguirse de los intrínsecos, ya que los azúcares libres son aquellos que se añaden a los productos y son los verdaderamente perjudiciales para la salud como veremos más abajo) no debería llegar al 10% y asegura que una reducción de la ingesta por debajo del 5% produciría beneficios para la salud.

La diferencia entre azúcar intrínseco y azúcar añadido (monosacáridos y los disacáridos añadidos a los alimentos por los fabricantes en productos procesados) es importante ya que no se debe confundir la presencia intrínseca de azúcar en alimentos como frutas y verduras,  cuya ingesta es imprescindible para llevar una alimentación sana y  obtener todo el aporte de vitaminas necesarias para nuestra salud y el correcto funcionamiento del sistema inmunológico; con la presencia de azúcar añadido cuyo valor nutricional es cero. Me quedo con una frase muy gráfica del libro “más vegetales, menos animales”: cada vez que alguien dice: “no como fruta porque tiene mucho azúcar y engorda”, muere un nutricionista en algún rincón del mundo.

El problema en el consumo de azúcar se encuentra en que a día de hoy en España, según un a encuesta realizada por el Ministerio de Sanidad (“encuesta ENIDE”), únicamente el 24% del consumo de azúcar corresponde al azúcar intrínseco,  el otro 76% del consumo de azúcar diario proviene de productos procesados como bebidas azucaradas, bollería, yogures, zumos… Pero no únicamente de este tipo de productos. La industria alimentaria ha conseguido, gracias a la publicidad, crear la imagen de que un producto es saludable, aunque en sus ingredientes se encuentre gran cantidad de azúcares añadidos. Todo el mundo sabe que un helado, o una coca-cola tiene mucho azúcar, y las decisiones de consumo en este caso son más libres o conscientes porque sabemos a lo que nos exponemos. Lo que no todo el mundo sabe es la cantidad de azúcar pueden tener productos a primera vista buenos para la salud. Algunos ejemplos publicados en la página de @sinazucarorg:

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Otra práctica vergonzosa en la producción de alimentos procesados son los alimentos “para bebés” o “para niños”, algunos de los cuales avalados por asociaciones estatales de pediatras. El contenido en azúcar de estos productos es excesivo para un niño de esa edad, cuyo metabolismo no está preparado para tal consumo de azúcar, y cuyo paladar se atrofia provocando que en un futuro su necesidad de dulce sea creciente, y por lo tanto siga consumiendo productos azucarados en cada etapa de su crecimiento (de las papillas a las galletas, de las galletas a los cereales, y de ahí a todo un espectro de productos al alcance de cualquier niño en cualquier supermercado, donde los datos nos muestran que el 90% de los snacks procesados infantiles son insanos). Otro ejemplo gráfico, un desayuno muy común entre la población infantil es un colacao (cuya ración de contiene 22gr. de azúcar) con galletas maría (6 galletas maría contienen 7.2 gr. de azúcar), en total 29.2 gr. de azúcar, con lo que a las 8 de la mañana sobrepasamos ya la recomendación de consumo máximo de azúcar añadido diario correspondiente al 5%, es decir: 25 gramos al día, lo equivalente a 6 terrones de azúcar.

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Empresas productoras de productos azucarados gastan alrededor de 10,000 millones de dólares en publicidad; es una suma de dinero difícil de superar por parte de los Estados para la promoción de un estilo de vida saludable. En su informe sobre políticas fiscales para la prevención de E.N.T, la OMS apuesta por el uso de impuestos y otras políticas fiscales como la mejor y más eficiente manera de controlar el consumo de este tipo de productos y disminuir este tipo de enfermedades. En España se implantó hace poco un impuesto sobre las bebidas azucaradas, pero debería exigirse también legislación que limite la publicidad de alimentos insanos. Y si los gobiernos necesitan más razones además de la salud pública para hacerlo, el impacto financiero de una sociedad insana es enorme, por dar un ejemplo, en Reino Unido la diabetes tipo 2 costó en 2015 8,8 billones de libras, es decir el 10% del presupuesto estatal en sanidad.

Apostar por la educación es importante, pero contra una población expuesta a un bombardeo de publicidad (en prime time, la media de anuncios de productos no saludables, además de estar promocionados por figuras públicas y dibujos animados), y una confusión a la hora de recibir información (incluido por parte de la comunidad científica, cuyas recomendaciones cambian constantemente), además de educar se debe actuar. Educando a la población se les otorga el poder de decisión, pero a la vez se les coloca en el punto de mira, dando la imagen de culpables por su estado de salud, achacándoles la mala decisión a la hora de alimentarse y consumir, cuando el verdadero culpable es la industria alimentaria, quien con sus productos cada vez más insanos, y a la vez atractivos, consigue llevarse consigo la salud de las personas.

Obviamente; ni el azúcar no es el único problema en la crisis sanitaria que vivimos a día de hoy, otros muchos factores juegan un papel también importante; ni toda la industria alimentaria está tan cegada por los beneficios; pero sí que se trata de un problema a gran escala y el cual quería tratar como introducción a otros muchos temas. En publicaciones posteriores hablaré de otros temas relacionados con la salud, industria alimentaria y medio ambiente, como el concepto de alimentación saludable y como se puede mejorar la alimentación en nuestro día a día, el impacto del patrón actual de consumo en la salud y en el medio ambiente, para poder llegar en un futuro a tratar a la verdadera pregunta de “¿Cómo, y con qué mecanismos, la mejora de la salud puede ayudar a mejorar el cambio climático y la crisis del agua?”

 

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